CRÍTICA: Cartelera (Syriana)

Syriana
Director: Stephen Gaghan
Guión: Stephen Gaghan, basado en el libro "See no evil..." de Robert Baer
Intérpretes: Matt Damon, George Clooney, Alexander Siddig, Christopher Plummet, Chris Cooper, Nicky Henson, Jeffrey Wright, Amanda Peet.
Nacionalidad: EEUU
Año: 2005
Metraje: 126 minutos
Género: Thriller político
Calificación: Buena (***)
En el mundo actual puede resultar sencillo conocer un pequeño apartado del mismo pero su enorme complejidad hace casi imposible que existan hombres capaces de abarcarlo con su mirada. De igual manera, los conflictos humanos se hacen parcialmente denunciables en soportes como el cine: es factible señalar el caos africano y el aprovechamiento de las farmaceúticas (The constant gardener) o la intolerancia racial (Crash). Pero tratar de echar un vistazo en apenas dos horas al problema energético es una tarea tan arriesgada como interesante, consiguiendo Gaghan una película única y estimulante que oscila entre el documental político y un thriller internacional.
"Syriana" es un término usado en círculos del Departamento de Estado norteamericano, aludiendo a una posible situación de cambio de regímenes políticos en Oriente Medio hacia una orientación pro-occidental. A partir de este término utópico, que mezcla realidad con ficción, nace una historia tejida en un mundo actual entre Estados y personajes totalmente identificables. La propuesta de Gaghan, debutante en la dirección, se encuentra lastrada de inicio por la intención inequívoca de denunciar la política norteamericana en Oriente Medio. Por tanto, a pesar de que la trama es perfectamente creíble y que la denuncia es fundamentada, en muchos instantes de la película se aprecian ciertas simpatías y antipatías que pueden manipular la percepción del espectador. De igual manera, la abrumadora acumulación de datos, lugares o personajes busca desorientarle para remarcar la estremecedora dificultad del mercado energético. Esta técnica fragmentaria hace costoso el seguimiento de la trama y puede desanimar a más de uno. A pesar de estos defectos, el cine contestatario está muy bien argumentado y se sustenta en unas grandes interpretaciones y unas adecuadas localizaciones.
George Clooney se gana el Oscar con un trabajo brillante como el agente de la CIA Bob Barnes, aunque eclipsado a mi parecer por Christopher Plummet (Dean Whiting) o el sudanés Alexander Siddig (Príncipe Nasir). El resto cumplen bien con sus pocos minutos en escena, resaltando lo adecuado del casting y de las posteriores caracterizaciones. Con el desmesurado rodaje se viene abajo el mito de cine independiente, porque Ginebra, Casablanca (sustituye a Beirut o Teherán) o Dubai (Emiratos Árabes Unidos) desfilan por la pantalla junto a los escenarios estrictamente norteamericanos, especialmente Washington. El tiempo total empleado fue de cinco meses a través de tres continentes, tratando de compaginar los intereses profesionales de los actores y las posibilidades en países no occidentales.
Intentaremos resumir al máximo la trama. La fusión de dos petroleras americanas, Connex y Killen, es la excusa para analizar las circunstancias en numerosos frentes. En un pequeño emirato del Golfo, el príncipe Nasir se postula como sucesor de su padre y pretende vender la nueva concesión de explotación de crudo a una compañía china, en perjuicio de Connex. Aparecen en escena Bob Barnes y Bryan Woodman (Damon): el primero es un agente de la CIA que debe asesinar a Nasir, el segundo un analista energético que queda como asesor del príncipe por razones que no desvelaremos. La fusión de las compañías dejará sin trabajo a muchos trabajadores árabes, lo que arrastrará a muchos al fanatismo muy bien retratado en una última escena antológica. En ese momento, en EEUU, el bufete Sloan Whiting investiga la corrupción en Killen, que ha conseguido mediante el soborno jugosos contratos en Kazajstán. Mientras un abogado de esta firma trabaja junto a la Fiscalía en este caso, el director del bufete (Plummet) busca deshacer el trato de Nasir con los chinos.
Para entender lo intrincado del mundo globalizado y de la encarnizada lucha por las fuentes de energía, se hace necesario ver esta película sólida, fruto de años de investigación de Gaghan guiado por el ex-agente de la CIA Robert Baer. Se reclama una mayor sencillez en el guión y un poco más de alejamiento objetivo del problema, pero el panorama que nos proporciona es extraordinario. Economía, política y arte en estado puro.

1 Comments:
Entiendo perfectamente que a mucha gente le haya encantado la película. Da la sensación de que si la entendiera en plenitud, sería magnífica. Como no es el caso, no puedo darla más de una estrella.
Ahhh, y nuevamente discrepo con la academia con lo de las interpretaciones secundarias. Clooney me parece que actúa bien, y sólo bien, aunque sí es cierto que su personaje no permite lucirse mucho.
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