CRÍTICA: Cartelera (El jardinero fiel)
Título original: "The constant gardener"
Director: Fernando Meirelles
Guión: Jeffrey Caine, basado en la novela homónima de John Le Carré
Intérpretes: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston, Bill Nighy.
País: Reino Unido
Año: 2005
Calificación: Entretenida (**)
John Le Carré perdió mucho con el final de la Guerra Fría, su terreno favorito para las novelas de espionaje e intriga. Con el nuevo orden mundial, sus nuevas orientaciones políticas anti-sistema han derivado su temática hacia temas relacionados con el problema palestino ("La chica del tambor") o la reciente intervención aliada en Irak ("Absolute friends"). En esta historia de denuncia, la lucha contra la pobreza o las pandemias en África está mezclada con los intereses diplomáticos de las antiguas potencias coloniales y la avaricia infinita de las grandes multinacionales farmaceúticas.
Ralph Fiennes da vida a Justin Quayle, un diplomático británico destinado a la embajada en Kenia. Recibe la noticia de la muerte de Tessa (Rachel Weisz), su mujer, en una emboscada en el Lago Turkana. A Tessa, activista en numerosas ONGs, la acompañaba un médico local del que se decía que era su amante. Desde el comienzo descarta la tesis del crimen pasional y comienza a indagar en las razones que han podido llevar al asesinato de su esposa, descubriendo una compleja trama de corrupción política, económica y moral. Esta densa red está relacionada con la experimentación en enfermos africanos de sida de medicación contra el VIH.
Ralph Fiennes hace el trabajo sobrio, frío y calculado al que nos tiene acostumbrados, siendo el personaje convincente que intenta presentar la historia. También la preciosa Rachel Weisz, embarazada en gran parte del metraje para desgracia de nosotros sus fans, cumple perfectamente con su cometido. Rodeados por unos buenos secundarios dan un excelente nivel interpretativo a la película.
No sé si a causa de defectos del guión o de la propia novela, resulta muy espesa la intrincada investigación de Quayle y se sigue con poco interés e incluso desgana. Las localizaciones de Kenia están en cambio bien escogidas pero sobre todo destacan las escenas primera y final del filme, que nos anuncian una película desgarradora y la cierran con un emocionante sabor de boca. El trabajo del brasileño Fernando Meirelles ( "Ciudad de Dios") se justifica únicamente por esas dos excursiones sobre el Turkana, muy bien sonorizadas, con el refulgente brillo de sus aguas y el vuelo de los flamencos sobre el polvo africano. Hay que señalar que el rodaje realizado en Kenia, el cual duró dos meses, fue complicado debido a la inicial prohibición de la novela en el país.
Concluyendo, se vive una película por debajo de lo esperado, entretenida y bien resuelta pero muy irregular. El hilo argumental no es demasiado preciso y la intriga no está demasiado bien mantenida, por no decir que es inexistente. Aún así, tiene fragmentos memorables y unos intérpretes muy adecuados. Para Le Carré, es la mejor adaptación de una novela suya a la gran pantalla, pero parece olvidar injustamente "El espía que vino del frío"(1965). Si a ello añadimos la concedida licencia de incluir una crítica a la Guerra de Irak (posterior a la novela) habría que convenir en la creciente senilidad del gran novelista inglés.




